"Del <> al encuentro de dos mundos" by Salvador Bernabeu in "America 92" (IV Centenario del Descubrimiento de America) El centenario nacio con un espiritu secularizador y docente. Los positivistas quisieron crear un calendario civil que, a imitacion del religioso, conmemorase los grandes hechos y hombres de la Historia Universal; cambiar los santos y beatos por descubridores, cientificos y pensadores. Felipe Picatoste escribio en un articulo titulado <> que <> (1892, p. 349). Sin embargo, los centenarios pronto imitaron las ceremonias y practicas religiosas: los lugares santos de peregrinaje, las grandes concentraciones frente al altar--de un pintor o un escritor--, los escapularios, medallas, estampitas y libros conmemorativos. Los seguidores de los centenarios nunca se sintieron defraudados y el avispado comerciante logro que todos volviesen a casa llenos de recuerdos. Marcelino Menendez y Pelayo escribio en los dias en que se preparaba el Centenario de Calderon que habia que aprovechar la ocasion para estudiar su obra y analizar la significacion del gran poeta dentro de su siglo y de su raza y <>. Y tuvo que repetir sus consejos al llegar 1892, porque, como todos temian, Madrid y las principales ciudades espanolas se llenaron de <>. El IV Centenario aparecio ante el mundo ilustrado con el apelativo de Centenario de Colon. Asi lo promovieron italianos y norteamericanos y asi llego a Espana, dando lugar a una violenta confrontacion entre los partidarios de ensalzar y glorificar al gran navegante genoves y los representantes mas destacados de la historia <>. Estos ultimos, cansados de las biografias literarias que circulaban <> en las publicaciones periodicas de la epoca, buscaron en los archivos y bibliotecas datos autenticos que pudiesen esclarecer la empresa colombina. Muchas fueron las aportaciones de esta generacion de historiadores que movieron a los dirigentes politicos a conmemorar el Centenario del Descubrimiento de America en lugar del Centenario de Colon. Sin embargo, el pueblo espanol siguio identificando las fiestas de 1892 con el navegante genoves y con las personas que le ayudaron en su empresa, principalmente con la figura maternal de Isabel la Catolica. <> recogio en su numero del 9 de octubre el siguiente articulo de Andres Corzuelo, titulado <>: <>. Batalla interna Mientras tanto, los politicos y escritores se lanzaron tardiamente a programar y divulgar el Centenario del Descubrimiento de America, empresa historica en la cual encontraria Colon su correcta significacion historica al margen de las leyendas y de las apoteosis. Antonio Sanchez Moguel, creador de la seccion de Historia del Ateneo de Madrid, y el marino Cesareo Fernandez Duro fueron sus principales motores y a ellos se les unieron posteriormente Juan Valera, Emilia Pardo Bazan, Marcelino Menendez y Pelayo, Emilio Castelar, Luis Vidart, Canovas del Castillo, Pi y Margall . . . y un largo etcetera de personalidades de la vida cultural y cientifica de la Espana finisecular. En la revista oficial del Centenario, Menendez y Pelayo preciso las ideas que poco a poco fueron elaboradas por los intelectuales espanoles: <>. El Descubrimiento del Nuevo Mundo, con una mayor riqueza temporal, espacial y cultural fue la principal contribucion del IV Centenario, aunque, como ya dije, quedo limitado a ciertas capas intelectuales del pais. Esta batalla interna olvido otra mas interesante que tuvo en liza a escritores espanoles e iberoamericanos. Juan Valera fue el principal defensor de la obra de Espana en America, que, como cabia esperar, quedo reducida a la defensa de la conquista. Otras personalidades, como el politico Emilio Castelar, tambien se hicieron eco de la lid: <>. Este fue uno de los ejemplos de la literatura defensiva que los escritores espanoles tuvieron que escribir para contrarrestar los ataques vertidos desde America. El demostrar que lo acontecido en la conquista fue violencia guerrera y no terror organizado se convirtio en tema habitual junto a las censuras por el sistema colonial imperante en las islas de Cuba y Puerto Rico. En consecuencia, los espanoles vieron transcurrir 1892 en medio de una batalla interna y otra externa sin ganador definitivo. Tan solo varias paradas militares y conciertos al aire libre lograron romper la monotonia, si bien las imprecisiones del programa de actos en la capital desorientaron tanto a los vecinos que estos quemaron los adornos del paseo de Recoletos y obligaron a dimitir al alcalde. Los principales frutos del IV Centenario quedaron en manos de unos cuantos especialistas y el relanzamiento de la hermandad con las republicas iberoamericanas manifestado en todos los congresos realizados quedo en buenas intenciones ante las dificultades reales--tecnicas, financieras y politicas--de las mismas. El IV Centenario se debatio entre la ingenuidad y la excesiva oratoria, olvidando el principal objeto de los centenarios: el analisis sereno y la divulgacion del hecho conmemorado. Con todo, los esfuerzos de Segismundo Moret en las relaciones exteriores y de Canovas del Castillo en la coordinacion de los diversos actos fueron mas que brillantes. Oidos sordos Cien anos despues, la sociedad espanola se prepara para asistir a otro nuevo centenario en el que no hay cabida para la contienda interna entre los partidarios de un Centenario de Colon y los defensores del Descubrimiento de America. En su lugar, la polemica sobre la conquista y la epoca colonial ha venido a polarizar gran parte de los escritos del 92. Oportunistas de todo signo, radicales en sus posturas en la mayor parte de los casos, se han aduenado de la Historia y sin apenas contribucion a engrandecer la disciplina protegida por Clio se esfuerzan en mostrarse hijos legitimos de ella y poseedores de la panacea centenaria. Muchos otros, por el contrario, han adoptado la postura de <> y han desterrado a la Historia en virtud de la eficacia de las ayudas economicas y de la modernidad de los tiempos. Pero este no es un centenario mas; este es un centenario historico. Porque el descubrimiento, la conquista y la colonizacion de America han sido uno de los grandes temas de reflexion de los filosofos e historiadores durante 500 anos. Ya Voltaire lo considero como el mayor acontecimiento de nuestro mundo, mientras Antonello Gerbi, uno de los grandes pensadores sobre la idea de America, anade que los temas americanos son tan insistentes y fundamentales en el pensamiento europeo, que no puede hacerse la historia de la filosofia y de las ideas del Occidente sin aludirse continuamente a los estimulos, mitos y ejemplos que brotaron del Nuevo Mundo. Entonces, si el futuro implica tambien la resurreccion y la reordenacion del pasado para incorporarlo y dar validez al proyecto historico de un pueblo o de unos pueblos, por que se convierte la Historia en un elemento secundario? Cada epoca trae consigo una interpretacion radical del hombre y--por extension--de las relaciones entre los hombres y entre los pueblos. De la misma forma, los centenarios son espejos donde queda reflejado el pensamiento de una epoca. En consecuencia, son irrepetibles y no vuelven a suceder. Sin embargo, al estudiar el centenario de 1892 hay ciertos aspectos que nos sobrecogen por su actualidad. Cabria preguntarse si ello es causado por las semejanzas de nuestra sociedad con la de finales del siglo XIX o por la incapacidad de los <> para adaptarse a los nuevos tiempos. Mas bien creo que la razon esta en <> del V Centenario. Una antiguedad que tine los discursos, las paradas, los interminables duelos hispanistas-indigenistas, el orfeon de cualquier pais americano cerrando con una habanera la cena de los congresistas, la placa conmemorativa y el busto del conquistador en la plaza del pueblo reformada con nuevos bancos para el acto. Tambien hay algo de obsoleto en las <>, inventadas por las misma fechas que los centenarios. Comunicacion Lo que hace especialmente interesante un centenario son sus novedades, surgidas al amparo de los nuevos tiempos y de la voluntad de las sociedades que son elegidas. 1992 los tiene y muy interesantes. Nunca como hasta ahora se habian producido mas contactos entre los peninsulares y los americanos: medicos, escritores, lideres sindicales, pintores, periodistas, . . . se comunican sus experiencias y discuten problemas comunes. En 1892 el grupo de americanos participantes en las actividades centenarias se redujo a los representantes diplomaticos y a seis o siete escritores mas, entre los que destaco la figura de Ruben Dario. Si bien es cierto que esta ausencia fue cubierta en parte por una nutrida embajada portuguesa, que convirtio el IV Centenario en una fiesta peninsular. Ciertos apuntes se han realizado para llevar el centenario a los colegios y a los hogares. Varias colecciones de libros de bolsillo, trenes llenos de saber y exposiciones itinerantes reclaman la atencion de ciudadanos. Pero no es suficiente: la ensenanza del objeto conmemorado es el fin principal de los centenarios. Empezamos mal: nadie se ponia de acuerdo sobre el objeto a conmemorar. Para muchos no importa si estamos ante un <> o <>. Lo importante-- defienden--es el futuro, son las relaciones, es la comunidad iberoamericana. Escarbar en el pasado es revivir las viejas polemicas que solo conducen a un circulo sin salida, al inmovilismo. Pero eso no es cierto: hay que senalar el por que del centenario y que es lo que conmemoramos. Hay que estudiar y da a conocer las actitudes y los comportamientos de los pueblos iberoamericanos ante la muerte, la vida, la familia, el amor, el sexo . . . y las representaciones colectivas inconscientes. Hay que liberar las estatuas de los grandes heroes de sus pedestales y bajar a los valles de la Historia, desafiando toda reduccion mecanica y dogmatica y sorprendiendo en el pasado y en el presente planos estratificados de comportamientos venidos de diferentes raices. Lo indigena debe de dejarse de pensar como lo propio, lo primitivo y, por lo tanto, lo popular y autentico; mientras lo hispano se libera de su tradicional papel devastador y negativo. Solo asi el mestizaje, clave de la configuracion cultural de Latinoamerica, encontraria su identidad. Indigenas Las comunidades indigenas, lejos de un inmovilismo edenico contrapuesto a la modernidad, o de convertirse en victimas de un desarrollo incontrolado, deben encontrar un espacio dinamico en el marco de las futuras sociedades latinamericanas, que permitan a los indigenas participar en la contemporaneidad sin sufrir una profunda aculturizacion como en la actualidad. Y para ello hay que repensar la Historia. El elemento hispanico es un elemento unificador e integrador de los pueblos americanos y . . . para ello hay que repensar la Historia. El historiador en un centenario no debe convertirse en un conferenciante ocasional ni en un cantor de gestas. La clave del futuro esta en la Historia, por lo menos hasta el 92. Ademas, hay que difundirla a todos los niveles. Un balance de los centros y de los textos donde se estudia la Historia de America es hoy irrisorio. Catedras sin catedraticos y licenciados en Historia sin una clase de America son problemas frecuentes. Jovenes que terminan sus estudios obligatorios con vagas ideas sobre Montevideo o la isla de Puerto Rico--puedo asegurarlo con la mano en el corazon--, tambien. Pues bien, no se pueden fundar las relaciones del futuro en la ignorancia, no se pueden borrar quinientos anos de Historia--de amor/odio, conquistas/independencias, ideas/mentalidades--apelando a la insolubilidad de los problemas historicos y no podemos dejar pasar los proximos tres anos sin poner las bases de un mejor conocimiento de America. Es necesario un clima social favorable a la <> de Espana. Aislar las anecdotas, desdibujar alucinaciones que se convirtieron en dogmas y desterrar descontentos y falsas explicaciones. La Historia para un centenario no es la de indios y conquistadores, la de caudillos y generales, sino la del hombre latinoamericano--desnudo--ante la vida y ante la muerte. Ahi encontraremos la identidad comun, el respeto por las culturas y las bases para el encuentro, porque en esas cuestiones--vitales--nunca ha habido separacion, solo transformacion, mutua transformacion, y la Historia esta a nuestro favor. Recordemos las palabras de Octavio Paz: <>.